lunes, 13 de octubre de 2008

LAS PLAZAS DE GRANADA. (artículo publicado en la revista Catarsis de Barcelona. Año 2000)











En Granada, como en la mayoría de las ciudades andaluzas, no existe una plaza mayor. Es la herencia de los árabes, que a diferencia de los cristianos, preferían la vida interior, el placer oculto de sus paraísos particulares. Los cristianos siempre han necesitado presumir de su felicidad y es por eso que las fiestas se hacen al aire libre, cantando, bailando y por supuesto, comiendo.
No existe una plaza mayor, decimos, pero no la necesita. Una, por grande, la Plaza Nueva, bien podría ser una plaza mayor; otra, por herencia histórica, la de Bib-Rambla, también podría serlo.
La Plaza Nueva es ,por decir así, dos plazas. Adosada a ésta se encuentra la pequeña Plaza de Santa Ana lo que visualmente provoca una amplitud bellísima.
En la misma falda de La Alhambra, la Plaza Nueva es una plaza señorial. La más señorial de Granada, lo que atestigua la impresionante fachada renacentista de la Real Chancillería. Fue uno de los dos tribunales de justicia que crearon los Reyes Católicos. Su severidad se expresa en las columnas de su fachada y en las dos figuras de la Justicia y la Fortaleza.
A su izquierda surge el río Darro, pequeño y cabizbajo, cuyas aguas fluyen con dificultad bajo la plaza. Y en el arranque de la Carrera del Darro una de las iglesias más bonitas de la ciudad, la iglesia de Santa Ana ,con su torre mudéjar, que se construyó sobre una mezquita. Y por si fuera poco aquí se casó Mariana Pineda.
A la plaza acuden tres tipos distintos de gentes. Los turistas, que emprendiendo la Cuesta de Gomérez suben a la Alhambra; los músicos callejeros, con sus bongos y sus trenzas enredadas, y los jóvenes, hacia las teterías, zona de encuentro y hermandad.
La segunda de las plazas en importancia decíamos que era la de Bib-Rambla. Ésta es una plaza con historia y hasta con memoria, pues todavía conserva su nombre árabe. El primer ensanchamiento data de tiempos de Juana La Loca y de por aquel entonces se celebraban en ella las fiestas del Corpus Christi, las ferias de caballos y los Autos de Fe. En el centro se encuentra la fuente de Los Gigantones, obvia la razón, y sobre el tejado de sus terrazas, se puede contemplar Sierra Nevada, La Alhambra y la gran mole de la catedral. Es una plaza familiar. De amas de casa con sus carros de compra, de vendedores de cupones, de oficinistas atareados, de jóvenes con mochila y golosos del chocolate con churros.
A un lado de la plaza sobresale la Alcaicería, la lonja de los mercaderes, en donde los vendedores de paños extendían sus productos entre callejuelas estrechas. Hoy es una reproducción de la que fue antes del incendio de 1843.
De forma casi contigua, la plaza de Las Pasiegas, mantiene el encanto peatonal de una placita o tal vez habría que decir placeta, como les gusta decir a los granadinos, cuya belleza se confunde con la fachada principal de la Catedral. La Catedral de Granada es una catedral distinta. Manquita, como la de Málaga, parece un decorado cinematográfico. Fue fundada por los Reyes Católicos con un trazado gótico con doble girola y capillas. Posteriormente se fueron incorporando elementos renacentistas hasta aparentar un arco de triunfo romano. Adosada a ella se encuentra la Capilla Real y la iglesia del Sagrario que muchos turistas confunden con la catedral. En la Capilla Real se hallan los sepulcros de los Reyes Católicos y de Juana, su hija, con su amantísimo esposo Felipe. Para poderlos ver de frente deberíamos tener una buena estatura pero aún y así merece la pena visitarlos.
Puerta Real no es exactamente una plaza. Es una confluencia. De ella parten la Gran Vía de los Reyes Católicos y Recogidas ( zona del edificio de Correos y el gran Hotel Victoria cerrado por el momento) y por otro la Acera del Casino, que se confunde con la Acera del Darro y la Plaza del Campillo, en sus inicios. Bajo ellas discurre el río Darro hasta su confluencia con el Genil. Esta abierta plaza simulada es de gran bullicio. El restaurante Chikito (antiguo Alameda), la sede de la Diputación Provincial cercana, la sede de Correos y una gran variedad de tiendas y de hamburgueserías, hacen que la gente deambule con energía olvidándose de la bohemia andalusí para convertirse en una ciudad moderna.
Cerca se encuentra la Plaza de la Mariana o de Mariana Pineda. Un rincón bonito con la estatua de la gran heroína granadina. Volviendo hacia la catedral, la Plaza de la Trinidad y casi junto a ella la Plaza de los Lobos. Parece ser que recibe el nombre de una de las casas, en la cual colgaban cabezas de lobo. Tal vez por eso Gallego Burín, a quien hay que conocer si se quiere conocer Granada, decía de esta plaza: “Plaza desierta. Da la sensación de la soledad del desierto, y siempre hay en ella perros que aúllan lastimeramente. De lobos, sí. No se alegra nunca esta plaza. Sólo tiene sol de verano, y de noche, es una estampa en negro. Yo creo que aquí no vive nadie, y si alguien vive en estas casas, debe salir por otras puertas”.
Desde luego la realidad hoy es muy distinta. Estas palabras se publicaron en 1924 y por aquella época Granada y sus plazas se diferenciaban mucho de las de ahora. Así lo atestigua también Federico García Lorca en una de sus cartas: “En Madrid hace un otoño delicioso. Yo recuerdo con lejana melancolía esas grandes copas amarillas de los viejos árboles del Campillo y esa solitaria plaza de los Lobos, llena de hojas de acacia y ese divino y primer viento frío que hace temblar el agua de las fuentes que hay en Plaza Nueva. Todo lo que es la Granada de mi sueño y de mi soledad cuando yo era adolescente y nadie me había amado todavía”.
Con estas dulces palabras de los dos amigos hemos de ir abandonando las plazas granadinas. Pero no sin antes asomarnos al Albaicín y a su pequeña Plaza de San Nicolás con su mirador imponente. Ahora en su aljibe central los niños juegan a subirse y dejarse resbalar como si fuera un tobogán desconociendo la larga historia que está grabada en sus ladrillos.
Y terminamos. Desde La Alhambra. Desde la plaza de los Aljibes, la explanada que se encuentra tras la Puerta del Vino y separa la Alcazaba de los palacios nazaríes. Con las palabras de Gallego Burín, otro importante granadino que llamaba a Granada la ciudad de las mil plazas:
“Plaza balcón. Un balcón que vuela en el vacío y se enfronta con la vieja ciudad. Hay que mirar desde el balcón, cuando ya se ha ido la luz. Entonces, el Albaycin es como un gran jardín ensombrecido, cuajado de gusanillos luminosos; o también, como un gran Nacimiento, esos Nacimientos que amorosamente componen los niños y que siembran de luces y bordean de caminos inverosímiles. A su pie, corre un río de cristal, de oro, que le sirve de espejo a los cielos, y en el aire vibran mil confusos ruidos con un sentido vago de lejanía y de incoherencia. Sobre ellos, caen las campanadas de la Vega, como queriéndolas apagar y luego vuelven...”.

viernes, 16 de mayo de 2008

ILIBERRI, CUANDO GRANADA FUE ROMANA


Determinar los orígenes de una ciudad es una ardua tarea que no sólo debe resolver la arqueología. A veces, los restos físicos de una ciudad no son hallados, pero han pervivido en la conciencia social e histórica y son ellas las que, tras su rastro, nos indican dónde debe trabajar el arqueólogo.
Así ocurrió con Iliberri, la originaria ciudad romana que con el tiempo se convirtió en Granada.
Imaginemos una colina, la del actual Albayzin, donde ya se había asentado una singular población ibérica. Ésta llamaba a su territorio Iliberri y se extendía por la zona de San Nicolás y San Miguel Bajo, hacia las orillas del Darro por medio de unas terrazas que equilibraban el desnivel de la colina. También se sabe que los íberos construyeron una muralla para proteger su propiedad.
Durante un momento de la Segunda Guerra Púnica, los ejércitos romanos tomaron conciencia de la importancia estratégica y económica de la Península Ibérica. Parece, que como luego sucedería con los árabes, el avance romano en nuestra península no fue, excesivamente, conflictivo. En Granada, los romanos se asentaron sobre suelo íbero y aprovecharon todo su patrimonio, incluido su nombre, pues la Iliberri ibérica pasó a denominarse Municipium Florentinum Iliberritanum, cuando, con el tiempo, César, le concedió el título de municipio latino.
Para los historiadores que siguieron su rastro, este municipio, continuó siendo Iliberri. Antonio Gallego Burín, en su Guía artística e histórica de Granada ya dejó dicho que conquistada por los romanos, esta población ibérica siguió acuñando monedas con el nombre, en caracteres latinos, de Eliver, Eliberri, Iliber, Iliberi, Iliberri e Ilvbiri, denominándola Ptolomeo Illiberi y Plinio el mayor, Iliberri, y a sus ciudadanos liberini. Erigida municipio, las inscripciones de los ss. I al II de J.C. la llaman Municipium Florentinum Iliberitanum y también Florentia, nombre que, en sentir de algunos escritores, podía interpretarse por ciudad florida o fructífera. Vemos, pues, que Granada usó dos denominaciones: una, ibérica (Iliberia) y la segunda, romana (Florentia), a semejanza de otras poblaciones importantes…”

Iliberri se identifica con los romanos, una civilización que ha demostrado siempre su inteligencia a la hora de decidir el lugar de un asentamiento. Es de imaginar que la elección de esta colina no fue fortuita y se basaron en razonamientos lógicos, era un territorio estratégico, fácil de defender y muy cercano al río Darro y a la fértil vega. Aprovecharon, como es preceptivo en toda invasión, la estructura urbanística ibérica y su muralla.
Iliberri tuvo que ser una ciudad ciertamente importante a tener en cuenta que en ella, una vez perdida la importancia romana, se celebró en ella el primer concilio católico de la historia, llamado Concilio de Iliberri o de Elvira. El profesor José Fernández Ubiña y Manuel Sotomayor han creído interesante coordinar un libro titulado El concilio de Elvira y su tiempo y a través de él vemos la importancia de los concilios que fueron el instrumento más eficaz del cristianismo antiguo para unificar sus pautas de comportamiento, fijar la disciplina, comentar cuestiones doctrinales o juzgar la conducta de determinados fieles, nos dicen. Una documentación que también nos habla de una Iliberri que poco a poco, se nos va haciendo más nítida.

Iliberri a través de la Historia.

Ya desde antiguo se era consciente de la existencia de Iliberri. No así su ubicación, que algunos historiadores identificaron con los restos arqueológicos hallados en Atarfe, lo que hoy se sabe que es Medina Elvira, una ciudad tardoromana y posteriormente musulmana. Andrea Navagiero, allá por el siglo XVI, fue uno de los primeros en relacionar a Iliberris con Medina Elvira. En Viaje por España dejó escrito: “Dicho día fuimos a Pinos Puente, que hay a tres leguas; en el camino, antes de llegar a este pueblo, en la falda de un monte a mano derecha, se ven ruinas y vestigios de una ciudad que se cree fue la antigua Iliberis, y ahora la llaman Granada la Vieja; piensan otros que Iliberis estuvo donde ahora está Granada, porque en ella se encuentran inscripciones donde se nombran los iliberitanos, pero han podido llevarse de un lugar tan vecino”.
Esta confusión no dejó de ser motivo de discusión entre historiadores y arqueólogos. Las excavaciones que tuvieron lugar en el siglo XVIII por parte de Juan de Flores, en un principio, supusieron un alto en la contienda arqueológica, que terminó como nadie hubiera imaginado, dejando a los historiadores más confusos que al principio. Sería en el siglo XIX cuando se retomaría este enfrentamiento al descubrirse los restos perdidos de una ciudad en 1848, lo que luego sería Medina Elvira y entre los periodos de 1868 y 1878, el Liceo Artístico y Literario de Granada y después la Comisión de Monumentos de Granada tomarían cartas en el asunto sabiendo que este hallazgo tendría mucho que decir del pasado.
Pocas veces se ha dado en la historia de una ciudad un enfrentamiento tan ardiente. Se formaron dos grupos, el de los defensores de la ubicación de Iliberri en Atarfe, lo que hoy se sabe que es Medina Elvira y los defensores de la Iliberri en el Albaicín granadino. Los primeros se denominaron elviristas y los segundos alcazabistas. Entre los segundos, destacaba con luz propia Manuel Gómez-Moreno González. Luego, se daría un tercer bando: los conversos, entre los que se encontró Leopoldo Eguílaz y Yanguas, que comenzó siendo elvirista y al darse cuenta de su error se volvió alcazabista.
Hoy, la historia de Iliberri no está falta de opiniones contrarias. Aunque últimamente ha despertado el interés de la arqueología, la Granada romana necesita de una profunda investigación. Los restos epigráficos encontrados, que son los únicos que nos aportan información, no son suficientes para esclarecer todas nuestras dudas. Sin embargo existen interesantes trabajos que demuestran la pasión que está suscitando en la actualidad la mítica ciudad romana.
Dónde se encuentra Iliberri.
Los restos encontrados de Iliberri son muchos pero también poco consistentes. Los que más, los documentos epigráficos, según Margarita Orfila Pons en su trabajo “Iliberri-Elvira (Granada), Ciudad romana y cristiana” han llegado a ser hasta 40, de los cuales 25 proceden del propio Albayzin. En época de Juan de Flores se encontró una inscripción que hacía referencia al foro de la ciudad y poco después se dio el conocido hallazgo del foro que relata Manuel Gómez-Moreno Martínez en su Monumentos romanos y visigóticos de Granada a la perfección. “Uno de los lugares clave, el foro, dice Orfila Pons, “el espacio cívico de la ciudad por excelencia, debe situarse en lo alto del barrio del Albaicín, entre las actuales calles de María la Miel y del Pilar Seco, según se deduce de la zona en donde se han recuperado desde el siglo XVI importantes inscripciones, y de los resultados de las intervenciones arqueológicas llevadas a cabo por Juan de Flores durante el siglo XVIII, en las que se descubrió parte de su enlosado, restos de edificios, una serie de elementos arquitectónicos e inscripciones. Ha sido posible situarlo justo en lo que era la Calle del Tesoro, hoy desaparecida y cercana al entonces llamado Huerto de Lopera, espacios actualmente insertados dentro del Carmen de la Concepción, enmarcados más o menos, al norte por la Calle Aljibe de la Gitana, al este por la Placeta de las Minas y casi toda la Calle María La Miel, hasta la altura de la Calle Camino Nuevo de San Nicolás, que los cierra al sur, mientras que el límite oeste sería la Placeta del Cristo de las Azucenas y la Calle del Pilar Seco, en cuyo tramo cabe restar del Carmen de la Concepción la línea de casas que se alinea desde la Placeta del Cristo de las Azucenas.
Todos, Manuel Sotomayor (Paseos interactivos por Granada. Nuevos paseos por granada y sus contornos), Roca, Moreno y Lizcano (El Albaicín y los orígenes de la ciudad de Granada), Rodríguez Aguilera (Granada arqueológica) y la citada Orfila Pons han coincidido en ubicar el foro de Iliberri en ese entorno.

Cómo era Iliberri.

Dice Juan Manuel Barrios Rozúa en su libro Granada historia urbana: “…cabe suponer, en consecuente que Iliberri no sería una de esas clásicas ciudades de planta reticular atravesada por el cardo y el decumano.”. Lo más destacado, evidentemente, como en cualquier ciudad romana fue el foro, con estatuas sobre pedestales e incluso, posiblemente aterrazado, a tener en cuenta los dibujos de Sarabia. Por la abundancia de columnas se imagina que debieron levantarse edificios importantes. También han aparecido restos de un acueducto donde hoy se encuentra la mezquita del Albayzin. La necrópolis se ha situado entre el Camino del Sacromonte a la Placeta de la Cruz Verde y en las cercanías de San Juan de los Reyes. También se sabe que tenían una elaborada industria artesana a tenor de los diversos hornos alfareros encontrados cercanos al Carmen de la Muralla. De las casas tenemos ejemplos claros, como los de la calle San Cecilio o el Callejón de los Negros en donde se adivinan estucos y pinturas murales. De los restos epigráficos hallados los investigadores han podido determinar cómo eran los iliberritanos. En este sentido es de reseñar el libro Personajes de la Granada romana de Miguel Jiménez Jiménez, quien elaboró un censo de los romanos iliberritanos partiendo de los restos epigráficos, las monedas han sido uno de los soportes que más han aportado a este estudio, gracias al cual sabemos que fueron personajes importantes la Gens Valeria o la Gens Cornelio. Mauricio Pastor Muñoz en su trabajo Sociedad y epigrafía en Granada en época romana, consiguió, además de contribuir a este censo aportar interesantes datos sobre la religión popular, al analizar distintas inscripciones una de ellas dedicada a la diosa Stata Mater, la única encontrada en la Península Ibérica y que hace referencia a esta divinidad. Por su parte, el Museo Arqueológico de Granada presenta una buena colección de lápidas e inscripciones halladas en el Albayzin e incluso en su Guía oficial nos recuerda que en el siglo XIV, el polígrafo y visir Ibn al-Jatib especuló en su Ihata con la posibilidad de que Iliberri pudiera haber tenido un anfiteatro para espectáculos gladiatorios.
Las primeras excavaciones y el fraude de Juan de Flores
Las primeras pistas sobre Iliberri aparecen en 1540, al encontrarse un cipo cilíndrico cerca del Aljibe del Rey. En todo el Albayzin se habían encontrado tejas, cerámicas, basas de columnas, restos antiguos que los vecinos habían reutilizados para usos muy distintos. Ánforas para comedero de gallinas o sepulturas como mesa ponderaria. El desconocimiento del pueblo llano en materia artística ha facilitado la supervivencia de algunos objetos, pero para otros, sin embargo, ha sido su sentencia de muerte. El caso de Juan de Flores no es único en Granada. Ya sabemos cómo se falsificaron y por qué los plomos del Sacromonte. Si queremos saber por qué falsificó y mintió Flores, sólo hay que leer un libro indispensable: Cultura y picaresca en la Granada de la Ilustración de Manuel Sotomayor. Con un lenguaje dinámico y casi novelesco, el autor nos traslada a la Granada del XVIII cuando Juan de Flores, beneficiado de la Catedral se dispuso a excavar en el antiguo Huerto de Lopera siguiendo sus instintos de coleccionista, pues ya en esa zona se habían encontrado restos romanos. En enero de 1754 comenzaron las excavaciones y en cuestión de una semana se encontraron las primeras muestras de que Flores no se había equivocado. La expectación que despertó Flores entre los eruditos es digna de recordar. Hacía poco que Herculano se había mostrado a los ojos de la gente e Iliberri podía conseguir ser la segunda gran ciudad oculta que veía la luz. Posiblemente por pura vanidad y por ser mal aconsejado, Juan de Flores decidió engrandecer el hallazgo falsificando obras e introduciéndolas en las excavaciones. Los ingenios que tuvo que realizar para falsificar sus tesoros son dignos de recordar. Una falsificación llevó a otra y Juan de Flores se vio inmerso en una espiral de mentiras. Finalmente, Juan de Flores y sus cómplices, fueron detenidos en junio de 1774 y condenados tres años más tarde a penas entre cuatro y ocho años de reclusión. Lo peor fue que se ordenó destruir las obras falsificadas (algunas verdaderas verían su fin inocentemente) y tapiar el foro descubierto. Desde entonces el sentir granadino es de resquemor hacia el foro de Iliberri al tiempo que se ha convertido en el objeto de deseo de todos los arqueólogos de la ciudad.



Iliberri en la actualidad.

Manuel de Sotomayor ha sido el más destacado y aguerrido investigador de Iliberri hasta el momento. En 1982 tienen lugar las primeras excavaciones después de muchos siglos de discordia. Recordemos que las falsificaciones de Juan de Flores había dejado en Granada un resentimiento unánime sobre la ciudad de Iliberri. Nadie se arriesgaba a destapar la caja de Pandora y llevar, de nuevo, a todos los arqueólogos a una eterna discusión.
El lugar donde se realizan los trabajos es el ya citado Carmen de la Concepción, antiguo Huerta de Lopera. Nadie que pasee por las calles estrechas del alto Albayzin, viendo esa tapia blanca, podrá suponer jamás que detrás de ella y bajo el suelo de esa casa, duermen los restos del foro romano de Granada. A lo largo de varias campañas, entre los años 1983-85, alumnos y profesores de la Universidad de Granada realizaron varios estudios. Es de imaginar, que por la situación en que estos restos se presuponen, en terreno privado, muy cercanos a la muralla del siglo XI y a la Puerta de las Pesas, no resultan cómodos para su estudio definitivo.
El 28 de enero de 2003, una noticia del periódico Ideal informa sobre una campaña realizada por el arqueólogo Ángel Rodríguez Aguilera, autor del libro Granada arqueológica, quien dice haber encontrado restos vinculados al foro de Iliberris. Si las excavaciones, una vez autorizadas por la delegación de la Consejería de Cultura, confirmaran la hipótesis, dice la autora del artículo María Balboa, el foro de la Granada romana podría ser reconstruido. Rodríguez Aguilera, en su libro citado, editado años antes, afirmaba que hasta el momento sólo tenemos dudosas referencias de la posible ubicación del foro, dentro del actual Carmen de la Concepción. El problema es que en 1997 se realizó una excavación arqueológica justo en este sitio y no sólo no aparecieron restos del foro, sino que además la primera ocupación humana documentada sobre la misma roca era una casa del siglo XVII. En este caso, o bien el foro escrito fue otra falsificación de Flores o se encuentra más hacia el in­terior del carmen.
No obstante, otros arqueólogos han dado por ciertos todos los testimonios que relacionaban este carmen con el foro de Illiberri. Manuel Gómez-Moreno Martínez se basó en los descubrimientos de Juan de Flores y en los dibujos de Sarabia para asegurar su ubicación. Margarita Orfila Pons, otra eminencia en el estudio de Iliberri, afirma que estos restos del foro fueron dados a conocer especialmente a través de los dibujos de Diego Sánchez Sarabia, confirmados hoy en día por el hallazgo de algunas de esas piezas molduradas, identificadas en el año 2003 al desmontar parte de una casa sita en la Calle María la Miel, nº 11, a las que se une, una vez llevada a cabo la intervención arqueológica en ese solar, a inicios del 2004, unos fragmentos de inscripciones, una de ellas honorífica.
En el artículo citado anteriormente publicado en el periódico Ideal, su autora María Balboa, concluía algo significativo Da la casualidad que el arqueólogo Ángel Rodríguez Aguilera excavó, en 1997, en el carmen de la Concepción en dos ocasiones. Aquella labor desató la polémica en ciertos sectores universitarios. Incluso quisieron impedir la investigación con el argumento de que era el lugar donde, dos siglos antes, había excavado el padre Juan Flores. Sorprendentemente, no apareció nada de época romana. Sin embargo, los opositores no quedaron satisfechos y acusaron al arqueólogo de «haber destruido» el foro. Llegaron a mantener la acusación en un congreso sobre el mundo ibérico celebrado al año siguiente. El destino ha querido que el mismo y cuestionado arqueólogo, en el mismo sitio, haya sido testigo de un hallazgo revelador. Esto nos lleva a una conclusión, que es que la arqueología no es irrefutable y que, ante todo, debe contar con la ayuda económica y política suficientes para poder desarrollarse con la debida fluidez. La posibilidad de reconstruir el foro de Iliberri se ha lanzado al aire. Sería algo inimaginable para quien después de tantos siglos se han enfrentado abiertamente defendiendo o retractando la ubicación de la ciudad romana. Sin embargo, esta posibilidad tiene algo de fantástico. En el caso hipotético de que los restos allí encontrados no hubieran sido trasladados de otro lugar o se encontraran en perfecto estado y no destruidos por civilizaciones posteriores ¿Se imaginan, lo que ocurriría, si se pudiera reconstruir el foro de Iliberri como se ha hecho con los de Roma? ¿Existirá algún gobierno lo suficientemente valiente como para acometer tal empresa?

Biografía imprescindible para saber sobre Illiberri:
-Granada arqueológica. Ángel Rodríguez Aguilera.
-El Albaicín y los orígenes de Granada. Mercedes Roca Roumens, María Auxiliadora Moreno y Rafael Lizcano Prestel.
-El Concilio de Elvira y su tiempo. Manuel Sotomayor y José Fernández Ubiña (coordinadores).
-Albayzin, solar de reyes. Gabriel Pozo Felguera.
-Cultura y picaresca en la Granada de la Ilustración. Manuel Sotomayor.
-Guía del Museo arqueológico y etnológico de Granada.
-Personajes de la granada romana. Miguel Jiménez Jiménez.
-Sociedad y epigrafía en Granada en época romana. Mauricio Pastor Muñoz.

BIBARRAMBLA, ANDALUSÍ Y CRISTIANA.


Bib al-Rambla, Bib -Ramla, Bibarrambla, así la llamaron unos y otros. Los cristianos, tras conquistar Granada, debieron sentirse atraídos por el misterio de aquel nombre, nombre raro y difícil de pronunciar. Resulta irónico que los Reyes Católicos, tan intolerantes para otras cosas, asumieran con paciencia la denominación de la plaza y así la vemos en los planos de la ciudad a través de la historia, desde la Plataforma de Bibarrambla de Ambrosio de Vico de 1616.
La Alhambra, con su omnipresencia, ha desmerecido la belleza de otros rincones de Granada. Tal es el caso de esta plaza, que no es como las otras plazas de las otras ciudades de Espana. Bibarrambla es una plaza especial y espacial, atrayéndonos no sólo desde el suelo sino desde su cielo perfilado por la imponente mole de la Catedral, la delicada figura de la Torre de la Vela o la inmensa Sierra Nevada.
Así pues Bibarrambla es una plaza para ver en todas las direcciones y desde todos los ángulos. Y no haremos mal también en escucharla, cuando, los gorriones, con su piar estridente, nos indiquen que ya llegó la tarde, el momento de guarecerse entre las hojas de los tilos.
Una plaza tan viva nos ha de parecer una plaza nueva, pero Bibarrambla es una plaza tan antigua que sus ojos vieron pasar la Historia de Granada.

Bibarrambla en época andalusí.
A juzgar por los planos más antiguos, la plaza era de reducidas dimensiones, tal vez simplemente las necesarias para albergar los puestos ambulantes de los fruteros, de los vendedores de frituras, o de los pergamineros, que cohabitaban con los aguadores y los encantadores de serpientes.
Es previsible que al establecerse en Granada, el sultán Muhammad b. Yusuf b. Nasr, llamado popularmente Alhamar, en el año cristiano de 1235, la plaza ya existiera como tal pues aquella zona había sido ya morada islámica anterior.
Con la consolidación de la ciudad, Granada, tuvo que ver engrandecer su contorno. A la muralla existente de época zirí, de la cual aún nos quedan importantes restos, se le unió otra más. A la primera de ellas se quedó la plaza pegada por el oeste en donde se abrió la puerta principal de la plaza llamada por derivación Puerta de Bib-Ramla. El arquitecto Antonio Orihuela Uzal nos recuerda que este tramo debe pertenecer al siglo XI. "De las Memoria de Abd Allah, el último rey zirí, se puede deducir que él logró cerrar totalmente el circuito amurallado de la medina para defenderse de los almorávides ".
El nombre hacía mención a un arenal muy próximo a la plaza y que transcurría hasta el río Darro, siendo circundada por otras calles que le daban la vida necesaria para convertirse en la plaza más populosa de la medina. Así pues, por su lado este se accedía al zoco dedicado a la ropa, Suq al-qarraqin, que finalmente derivó en el vocablo actual de Zacatín, y en el lado noroeste, la alcaicería, al-qaysariyya, dirían los andalusíes de la época, un mercado de especias y de sedas, de productos ricos, que absorbía un flujo importante de comerciantes y compradores.
Si dentro de la plaza es fácil imaginar el bullicio de los zocos y mercados árabes, fuera, nos encontramos con calles laberínticas surgidas de la extensión de los comercios. Calles que se cerraban de noche con cancelas para prevenir robos y pillajes y volvían a la vida por la mañana bajo la mirada impasible del Senor del Zoco, el almotacén, y de la Mezquita, cuyo muro de la alquibla se situaba frente a la alcaicería.
Muy cerca de la plaza, allá por el 1349, Yusuf I levantó la Madraza. Su cúpula hoy la disfrutamos en la calle Oficios. Y este hecho indicaba que la sabiduría había entrado en la ciudad, que se destinaba un lugar para las reflexiones de los sabios, que sin duda hacían partícipe de ella a la primera plaza de la ciudad de Garnata.
Poco a poco, los comerciantes, dependiendo de sus oficios, fueron dando nombre a las calles que la rodeaban, como la calle de los paneros, de los sederos, de los tintes, de los tapiceros...muchos de cuyos nombres han llegado hasta la actualidad.
Pero la entrada principal de la plaza se encontraba, como ya hemos dicho, en la zona oeste/ sur-oeste. En ella se abría una esplendorosa puerta que a lo largo de los siglos fue motivo de polémica. Esta es la Puerta de Bibarrambla.

La puerta de Bibarrambla.
Según Antonio Orihuela y Juan Castilla Brazales, co-autores del libro para todos imprescindible En busca de la Granada andalusí, la puerta recibió varios nombres: "...Los cristianos le habían dado de manera indistinta el nombre árabe castellanizado-Bibarrambla- y los de Puerta de las Orejas, Puerta de las Manos .v Puerta de los Cuchillos. Según se decía, los cristianos la habían llamado así debido a que en ella solían ser expuestos de manera pública los miembros mutilados de malhechores acusados de crímenes y delitos. Por lo que respecta al último de los apelativos, había versiones que lo relacionaban con las armas que requisaba la justicia, en tanto que otras lo atribuían a la existencia de la Cuchillería en las proximidades de la Puerta".
Por su semejanza con la Puerta de la Justicia de la Alhambra, los estudiosos la han determinado de su misma época, es decir, del año 1348, año de peste en Espana y en la mitad de Europa. A pesar de ello, la puerta debió lucir gallardamente en la esquina de la plaza. Así la definía Leopoldo Torres Balbás: "Se abría en una torre cuadrada. En su frente exterior ostenta un gran arco de herradura aguda hecho con dovelas de piedra franca y arrancado de impostas de piedra de Sierra Elvira. Tras este arco presenta otro escarzano, para paso del adarve, y seguía un espacio a cielo abierto. El arco de la puerta se abría a un pasadizo, dividido transversalmente, por un arco agudo de ladrillo, en dos tramos... El último arco daba paso directamente a la plaza desde el segundo tramo; pero ignoramos si ésta era la disposición primitiva, o si, anteriormente, la puerta se prolongaba formando recodo, como la de la Justicia y otras muchas musulmanas y si esta última parte fue derribada para facilitar el acceso".
El pintor inglés David Roberts la dibujó en una estampa deliciosa describiendo la simbiosis del monumento con las casas, ya por entonces, cristianas. Sin embargo, poco después, la polémica sobre la demolición de la puerta empieza a dividir a Granada. Tras largas luchas entre partidarios y detractores de tal barbaridad, el Ayuntamiento de Granada consigue la autorización para su demolición. Corría el año 1884. Y fue tal la felicidad de los vecinos cuando esto sucedió que lo celebraron con cohetes. Un lamentable recuerdo de nuestra historia que se ha repetido una y otra vez en este país. Antonio Gallego Burín se lamentaba en1919 de que las instituciones quisieran demoler el Corral del Carbón y la Casa de los Córdobas. Y otros nos lamentamos ahora de que en Madrid, en plena modernidad franquista, se colgara de una pared el cartel de "Cascotes gratis" una vez demolida la muralla islámica de la capital. Cuesta creer que no deseemos conservar nuestro legado histórico.
Por suerte para todos nosotros, el incansable Torres Balbás rescató los restos de la Puerta de Bibarrambla de los fondos de un museo y la restauró, colocándola en el bosque de la Alhambra. Hoy impresiona en la soledad de la Sabika, sólo olvidada por quien no la conoce.
Bibarrambla en época cristiana.
Los reyes Isabel y Fernando debieron elegir a Bibarrambla como plaza de encuentro de sus convecinos al no hallar en la ciudad plaza mayor. Es cierto que el Campo del Príncipe rivalizó con ella en importancia, pero muy pronto se dividieron las competencias, pasando las lúdicas de torneos y juegos de cañas al Campo del Príncipe y reservándose las corridas de toros para la de Bibarrambla.
Francisco Jiménez de Cisneros, confesor de la reina católica, debió presentir la importancia que tendría esta plaza en el futuro de Granada. De la misma manera que la engalanaron en fiestas y celebraciones, la enturbiaron con sus crueldades y allí fue donde realizó sus autos de fe y quemó ochenta mil libros de la universidad musulmana de Granada argumentando que todos eran el Corán. Bien es cierto que no mentiría, porque para él debieron ser todos coranes, incluso los tratados de matemáticas.
La Plataforma de Bibarrambla refleja, a lo largo de todas sus versiones, una plaza identificada con una pequena horca, símbolo que nos indica que sirvió de patíbulo a lo largo de los siglos. Sin embargo, "No necesariamente ha de identificarse este símbolo con los autos fe.", nos recuerda Antonio Orihuela, "La pena de muerte era muy frecuente en aquella época. En los "Anales de Granada" de Francisco Enríquez de Jonquera, por ejemplo, se documenta la pena de muerte por sodomía a mediados del siglo XVIII"
Eran tiempos de remodelación de la ciudad. Los cementerios musulmanes, desmantelados, proporcionaron nuevos espacios. Se demolió el barrio de la judería. Los cristianos deseaban plazas grandes que representaran su nueva condición de poderosos aunque también miraban por su bien económico, lo que incidió en la reorganización de los oficios. De esta manera se amplía la plaza hacia las pescaderías y las tenerías, que por aquel entonces discurrían hacia lo que hoy es el Corral del Carbón. El, por entonces, conde de Tendilla, Luis Hurtado de Mendoza y Pacheco, propietario de la mayoría de los terrenos de la plaza, negoció duramente las condiciones de la remodelación hasta que, finalmente, el Cabildo de la ciudad, terminó por favorecerle plenamente. Fernando Acale Sánchez nos dice en su libro Plazas y paseos de Granada (De la remodelación cristiana de los espacios musulmanes a los proyectos de jardines en el ochocientos): "El lienzo de muro fue derribado en punto de enlace entre la calle Mesones y la propia plaza, a pesar de la proximidad de la puerta del Arenal (es decir, la Puerta de Bibarrambla), dividiendo en dos el espacio de las carnicerías. Este arco comenzaría a denominarse como puerta de la Magdalena y posteriormente de las Cucharas". Nombre que ha
permanecido en la memoria del callejero granadino actual.
En 1583 se construyó la Casa de los Miradores. En ella se situaba la Real Aduana de especiería, la de paños y lienzos y de las alcatifas y también se destinaron en ella las oficinas del Cabildo. Edificio que se quemó en el último tercio del siglo XIX.
Acade Sánchez cita en su libro las impresiones del embajador veneciano e historiador, Andrea Navagiero, respecto a la plaza y así podemos imaginárnosla en la primera mitad del siglo XVI, como una plaza hermosa y grande, cuadrada y regular, pero un poco más larga que ancha, con una bellísima fuente en uno de sus ángulos, la cual arroja muchos caños de agua sobre una grande y hermosa pila.
La fuente a la que se refería Navagiero, debió ser la denominada del Leoncillo, que con el tiempo fue trasladada a una esquina de la plaza, junto a la calle Pescadería. Consiguieron con ello más espacio para las celebraciones habituales, sobre todo la del Corpus Christi, instaurado por los reyes Católicos en 1501 y que era de gran arraigo popular. La fuente fue demolida en 1837 ya en estado lamentable.
Es deducible que a lo largo del siglo XVIII, la plaza continúa con sus dimensiones actuales y que sus transformaciones se deben más a un motivo decorativo que a una remodelación urbanística. En 1750, se le otorga a la plaza un mercado permanente y muy pronto se llena su eje central de puestos con tenderetes, imagen que no debió de ser muy diferente de la que pintó Muriel casi un siglo después en 1834 y que se conserva en el Museo de la Casa de los Tiros. Comenta Acale: "La configuración de la plaza quedaba constituida como un mercado, en el sentido decimonónico de la palabra, al aire libre, con una serie de calles que articulaban la disposición de los puestos. En 1750 se decidió la construcción en el centro de la plaza de casillas de madera que sirvieran, dentro del marco de la Policía urbana, para tener un mayor control sobre el comercio, al mismo tiempo que proporcionaban un cierto beneficio económico a la ciudad."
Por aquel entonces, Bibarramba sólo se ve desmantelada y sufre variaciones con motivo de las fiestas del Corpus, como la famosa del 1760, tan ostentosa, que mejoraba en mucho cualquier decorado de película.
En el siglo XIX, Granada, como otras ciudades españolas, va a sufrir la fiebre urbanística, consecuencia de una mentalidad más abierta, de los repetitivos cambios políticos y de, como no, los efectos de la desamortización. Muy al principio del siglo, otra consecuencia va transformando la ciudad de Granada. Nos referimos a los incendios, que consecutivamente amenazan la belleza de sus casas y monumentos. Uno de ellos, el 19 de julio de 1809, destruye las casetas de la plaza y se propaga hacia la Casa de los Miradores aunque no sufrió daños irreparables. Otro, años más tarde, afecta a la cercana alcaicería. Las casetas de los comerciantes, inutilizadas, tuvieron que reubicarse de forma provisional en las plazas de la Santísima Trinidad y de San Antón. En 1836, y con motivo de la demolición de los conventos cercanos de San Agustín y de las Capuchinas se reubican las casetas permitiendo a la plaza de Bibarrambla que luciera, nuevamente, como lo había hecho cuando era orgullo de sus paseantes, con un gran espacio central, que sólo se vio invadido por puestos de flores en los años cuarenta del siglo XX.
Pero toda plaza debe cohabitar con un monumento. Con la demolición de la Fuente del Leoncillo se diseñó un monumento dedicado a la reciente instaurada Constitución de 1812 realizado por Juan Pugnaire, quien en 1855 dijo lo siguiente:"Todas las poblaciones tienen o deben tener una plaza mayor; la plaza de las ceremonias y de los actos públicos. Esta plaza debe ser en Granada la de Bibarrambla, por los recuerdos históricos y por su posición central".
El plano de 1894 de González Sevilla y Juan de Dios Bertuchi, nos da una imagen muy actual de las calles que circundaban la plaza. Este plano tuvo dos versiones, una de ellas, como decían sus propios autores, destinada a ser de verdadera utilidad para el extranjero que visita esta ciudad y no menos para sus mismos habitantes. Granada se convierte en un punto de encuentro de intelectuales y viajeros, seguramente animados por la imagen romántica que de ella había hecho Washington Irving.
A comienzos del siglo XX, la plaza ya no tiene miradores, ni soportales, ni fuentes. Habrían de pasar casi cuarenta años para que la plaza de Bibarrambla tuviera sus puestos callejeros de flores y otra fuente. Ésta sustituiría a la estatua de Fray Luis de Granada que había sido colocada allí en 1910. Gracias a Antonio Gallego Burín, la estatua del santo pasó, finalmente, a la plaza de Santo Domingo, donde hoy se encuentra, ubicando en la plaza de Bibarrambla la fuente que hoy la decora, la que popularmente llaman de los Gigantones.
Es fácil imaginar los años más felices de Granada, los anteriores a la guerra civil, disfrutados por sus estudiantes, por sus poetas y médicos, por sus pintores y políticos. Unos caminarían a través de Bibarrambla hacia la cercana plaza de la Universidad, otros la atravesarían para acudir a la tertulia del Café Alameda en la Plaza del Campillo. Como Federico García Lorca, el más granadino de todos los Federicos, que recordaba así las fiestas del Corpus: "Asoman los gigantes y el dragón de la Tarasca y los enanitos del Corpus. De pronto las granadinas, con sus hermosos brazos desnudos y sus vientres como magnolias oscuras, abren en la calle quitasoles verdes, naranjas, azules, entre el frenesí de las iluminaciones y de los violines y de los coches enjaezados, en un carrousel del amor, de galanterías, de nostalgia en el castillo de irás y no volverás de los fuegos artificiales"
Pero a Granada, también le llegó la guerra. Con ella se quedó Granada más sola y más triste, y posiblemente esta plaza, que rezumaba alegría, sufrió un abandono intelectual.
En los años cincuenta la ciudad sufre muchos y diversos cambios, algunos muy cercanos a esta plaza, tan céntrica, y no será hasta los setenta cuando Bibarrambla experimenta el cambio definitivo, el último que puede y debe sufrir una plaza del futuro, su peatonalización.
Ahora, la plaza más visitada de Granada es también la más buscada. Se ha dicho que muchos turistas, cansados de dar vueltas con sus coches buscando la entrada a la plaza, han aparcado sus vehículos a doscientos metros y tomado un taxi que pudiera y supiera atravesar el laberinto de sus calles prohibidas. Ni siquiera un granadino sabe cuándo cambiarán de dirección las calles cercanas a Bibarrambla y eso la convierte en una meta inaccesible y quizás por ello más preciada.
Por la mañana, por la tarde y por la noche, las terrazas de la plaza Bibarrambla o Bib-Ramla o Bib-Rambla, estarán llenas de turistas, de granadinos o de aquellos que , sin serlo, se sienten un poco de las dos cosas. Tomarán un helado si es verano o un café caliente si es invierno. Y al llegar la tarde, como todas las tardes, la plaza de Bibarrambla se llenará de gorriones y de palomas con su piar estridente, hasta que el silencio se apodere de la plaza, bajo la mirada intensa y contundente de la torre de la Catedral.

Libros utilizados::
-Plazas y paseos de Granada (de la remodelación cristiana de los espacios musulmanes a los proyectos de jardines en el ochocientos), Fernando Acale Sánchez. Universidad de Granada/Editorial Atrio. Granada 2005.
-En busca de la Granada andalusí. Juan Castilla Brazales y Antonio Orihuela Uzal. Editorial Comares. Granada.2002.
-Los planos de Granada (1500-1909). Juan Calatrava y Mario Ruiz Morales. Diputación de Granada. Granada. 2005.
-Leopoldo Torres Balbás. Crónica de la Espana musulmana. Obra dispersa. Instituto de Espana. 1981.
-En Granada ...su Granada. lan Gibson. Diputación Provincial de Granada. Granada. 1997.

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